Noruega puede prohibir la compra de vehículos de gasolina y diésel a partir del próximo año

En el año 2009, nos llegó una increíble noticia de Escandinavia. La Ministra de Finanzas de Noruega, Kristin Halvorsen, propuso al parlamento un proyecto de ley que en el caso de ser aprobado prohibiría le venta de coches que tuviesen motores alimentados por gasolina o diésel a partir de próximo año 2015. De esta forma, el país estaría buscando la independencia total de los combustibles fósiles, lo cual es una tarea en la que Suecia ya se halla ya totalmente inmersa desde hace años. Como es obvio, esta propuesta creó un considerable revuelo tanto político, como público en el país nórdico, ya que sobretodo, es una medida bastante radical.

El razonamiento sobre el papel tras la propuesta es intachable: se beneficiará el desarrollo de los combustibles alternativos, como por ejemplo, los vehículos eléctricos y los vehículos movidos por hidrógeno. La metamorfosis hacia todas las formas de movilidad no contaminante en sí será bastante rápida. No obstante, el uso práctico de esta plausible medida es muy engorroso y difícilmente podría llegar a efectuarse en el plazo que se ha estipulado. Hay distintas causas para ello, tanto de tipo político, como fundamentalmente de tipo económico.

La primera de las razones es que en Noruega se venden de forma anual unos 150.000 vehículos. Si el cúmulo de fabricantes mundiales se privase de vender esas unidades no supondría un drama para la industria. Sus rentabilidades descenderían y seguramente les llevaría a fomentar las tecnologías no contaminantes, pero la influencia por parte de la demanda no sería bastante. Otro gallo cantaría si hablásemos por ejemplo de Francia o Alemania implantando esa medida, dejarían de venderse varios millones de coches en el periodo de un año, lo que sí que supondría un gran drama para la industria automovilistica.

Además,  se necesitaría la creación de una infraestructura considerable en el país, empezando por estaciones de recarga eléctrica que estuviesen conectadas a redes de alto voltaje, siguiendo por hidrogeneras y terminando por refinerías para los biocombustible, lo cual sería un gran gasto para el país. En la actualidad, aún desconocemos qué tecnología se impondrá, ni en qué momento lo hará. Lo que sí que es cierto es que la construcción de infraestructuras supone un respaldo para la obra pública, ya que es la empresa privada la que está dominando el sector y el país noruego es un gran productor de petróleo.

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